miércoles, 7 de abril de 2010

4. Otras personas.

Todos se giraron. Detrás de él había una chica. No era una de sus hermanas. Era castaña claro casi rubia, sus ojos eran verdes y vestía toda de negro unos pantalones bastante ajustados y una ombliguera. En sus brazos llevaba un peluche de un personaje de una conocida serie de anime, era casi completamente blanco. Parecía notablemente enfadada.

-¡Merisa! ¿Qué haces, estas loca?- se quejó el chico tocándose la cabeza donde le había pegado el puñetazo.
-¡Y tu tonto!- gruño ella en voz alta.- Toma y guárdate eso, me lo ha dado Matsuri-sensei.- siguió mientras le tiraba a la cara lo que parecía una sudadera.
-Se me debe haber olvidado. ¿Pero que hacías tu en un gimnasio si el deporte te da alergia?
-Venia del club y me la encontré. Ten más cuidado la próxima vez porque si un dia se te olvida la cabeza yo no seré la que te la traiga.
-Seishi-kun, ¿Quién es esta chica?- preguntó Mayuru.
-Merisa, una vieja amiga. Es raro que no la conozcáis, viene por el Sempu muy a menudo, a ayudar, por decirlo de algún modo.
-¿Eres una de las camareras?- inquirió Minato.
-No, a mi me llaman para animar el cotarro cuando está de capa caída.- aclaró la aludida.
-Su trabajo consiste en berrear, en el bar se la conoce como la revienta escenarios.
-Cállate enano y preséntame a tus amigos. O es que me ves cara de adivinar como se llaman.
-Vale, estos son Mayuru, Minato, Kiyoshi, Yutaka y Yukari.-Explicó señalando a cada uno cuando lo nombraba. Merisa rodeo el cuello de Seishi tirando de el para abajo y murmurando algo a su oído.
-Son los tres muy guapos, ¿cuál es el tuyo?- susurro lo suficientemente bajo para que solo él la oyera como si maquinaran un plan secreto.
-A ti te lo voy a decir- contestó en el mismo tono.
-Es para no intentar ligármelo, de todos modos ya lo descubriré yo sola.- rápidamente se separo del chico.- Bueno yo me abro, he quedado con Haruka para ver fotos de parejitas yaoi en “Deviantart”. Encantada de conocer a los amigos de Sei. Hasta otra nos vemos algun día en el Sempu.
-Adiós, Merisa.- contestó Seishi. -Y no vuelvas… -musitó para si.
-Con que Merisa, Seishi te lo tenias muy callado.- insinuó Yutaka acercándose mucho a él.- ¿Qué, a esta no la llamas por el apellido? Estas echo todo un pillín.
-Ya he dicho que es una amiga de la infancia. Y la llamo Merisa porque no se cual es su apellido, ni siquiera Merisa es su nombre autentico se lo puso al pasar a secundaria, para no se que del anonimato, en realidad se llama Madoka. Además, está pirada, ¿habéis visto el peluche que tenía? Se lo compró en el ultimo Expomanga al que fuimos y desde entonces lo lleva a todas partes diciendo que es su niño. Y os advierto que no consiente que nadie se meta con él.
-Da igual se te veía cómodo con ella y te ha abrazado. -continuó Minato con el mismo tono.
-No me ha abrazado, casi me rompe el cuello. Lo que pasa es que está tonta perdida. Creo que deberían nombrarle peligro nacional.
-Oíd, nosotras nos vamos ya. Hasta luego.- dijo Yukari mientras se alejaba y arrastraba con ella a Mayuru sin dejar a los chicos despedirse.

Las dos caminaban en silencio. La castaña miraba avergonzada la coronilla de su amiga que caminaba delante suyo. Sabia porque la había hecho alejarse del grupo, cuando Yukari no hablaba era que estaba muy enfadada con ella. Finalmente esta se giró para mirarla.

-Aquí la única tonta perdida eres tú.- la riñó- ¿Cuándo piensas actuar?
-¡¿No te das cuenta, Yukari?! ¡Para mi no es tan sencillo como tu crees!
-Eso son excusas, ¿no habías ido al entrenamiento para intentar decirle a Seishi que te gusta? Has perdido una oportunidad de oro. -recriminó la rubia girando la mirada.
-Para ti es muy fácil como solo tienes que guiñar un ojo para que el que sea te esté besando los pies. -contestó molesta Mayuru.
-Pues será porque yo me arriesgo. Tu que sabes si no lo has probado. A lo mejor también caía a tus pies. Tendrás que intentarlo alguna vez ¿no crees?
-¿Para qué? ¿Para que me diga que no? ¿Y si después ya no quiere ser más mi amigo? ¿Y si ya hay otra persona? -preguntó retóricamente casi apunto de que las lagrimas se escaparan de sus ojos azules.
-No puedes estar tan segura hasta que no lo intentes. ¿Y si es un sí? ¿Vas a arriesgarte? Mira, ya has visto las confianzas que se tomaba con esa tal Merisa, ¿acaso vas a dejar que aquella chica gritona te lo quite?
-No, pero… pero… no se que tengo que hacer. Me da miedo que no vuelva a hablar conmigo. Para ti será una tontería, pero no quiero.
-Bueno, Tu verás lo que haces, eso tienes que pensarlo bien tu sola yo no te voy a decir lo que tienes que hacer. Pero ya sabes que si necesitas cualquier tipo de ayuda me tienes para cualquier cosa. Yo me voy a casa que me muero por un buen baño con sales termales. Hasta mañana, Mayuru.


Seishi estaba medio tumbado en un sofá leyendo tranquilamente cuando una de las gemelas se acercó corriendo a su hermano. Parecía muy nerviosa e ilusionada. Y casi con un salto se arrodilló frente al sillón.
-¿A que no sabes una cosa?- preguntó Miyako con una enérgica sonrisa .
-¿El que tengo que saber?- respondió, sin demasiado entusiasmo ni siquiera apartando la vista del libro, con otro interrogante.
-Ya han dado cita a Miyu, la semana que viene semana va a ir al ginecólogo.
-¿Y? No es la primera vez que va. Como si fuera una novedad.
-Pero le van a decir si el bebé es niño o niña. ¿No te hace un poco de ilusión? A mi me gustaría que fuera otra niña.
-¿Otra? ¿No sois suficientes ya? ¿Yo preferiría tener un sobrino?
-No. Nunca hay suficientes niñas en una familia. Mírate a ti si hubieras nacido chica serias más entretenido.

Un sonido indicó que alguien acababa de entrar por la puerta principal, además de interrumpir la conversación de los hermanos. La animada voz de la primogénita de la familia y otra bastante más grabe saludaron a toda la casa para que se percataran de su presencia. Junto a Miyu entró en la habitación un hombre joven, era muy alto y moreno, lucia algo estirado y tal vez demasiado serio para su alegre y entusiasta hermana mayor. Se trataba de Sayonji Kotseshu el novio de Miyu. Seishi se levantó del sofá e hizo un ademán de marcharse. Pero la gemela buena le detuvo del brazo.
-Hablando de la reina de Roma.- río Miyako a modo de saludo. Luego se levantó murmurando a su hermano. -No seas mal educado, hombre.
-Buenas tardes Miyu y Sayonji.- dijo a la pareja que acababa de entrar en la sala.
-Buenas tardes, hermanitos. -contestó la hermana.
-Creo que ya casi se debería decir noches. -sugirió el hombre, también a modo de saludo, mientras ambos se sentaban en el sofá del frente.
-¿Hoy te quedas a cenar, Sayonji? -preguntó intrigada la menor.
-Sí Miya-chan, hoy os toca aguantarme. -contestó este queriendo parecer más amable.
-Voy a salir un momento. -dijo de improviso Seishi haciendo el ademán de marcharse.
-¿A dónde vas? -preguntó Miyu viendo como pasaba junto a ellos.
-Acabo de recordar una cosa que tenía que hacer.
-Pues ten cuidado, nunca se sabe que clase de personas te puedes encontrar y que te pueden hacer. -comentó él.
-Lo tendré. -contestó Seishi ya saliendo por la puerta.

Seishi caminaba por caminar. No llevaba rumbo, solo se dirigía donde sus pies le dictasen. Con lo a gusto que estaba en su casa, no entendía muy bien porque se había ido, pero ahora no le apetecía para nada volver, cualquier lugar era bueno con tal de que no estuviera cerca ese tipo. Nunca le había gustado el novio de su hermana mayor, opinaba que ella se merecía algo mejor, pero estaba demasiado enamorada como para darse cuenta. Y luego estaba el tema del bebé. Definitivamente nunca se separaría de él, por mucho que al hermano menor no le pareciera el más adecuado.
De repente, mientras estaba tan sumido en sus tonterias como para no darse ni cuenta, vio a Mayuru aparecer de detrás de una esquina casi chocando entre ellos.

-¡Cuidado! -exclamó él sujetándola para que no se cayera.
-¡Uy! Lo siento estaba pensado en mis cosas y ni te he visto llegar. Soy tan distraída.

Parecía pensativa, era raro verla tan desanimada, ella siempre parecía estar alegre. Realmente esa chica le gustaba, no como amor porque el estaba enamorado de Minato, por mucho que se lo negara a si mismo, pero le resultaba tan mona y simpática. Casi parecía una muñeca. No era como Yukari la perfecta sin embargo, ni como las dictadoras de sus hermanas, ni como las locas de Haruka y Merisa, era una gran persona.

-¿Te pasa algo, Mayuru? Pareces triste.
-No, no es nada. Solo es que he discutido con Yukari.
-Ha sido grave. La discusión digo.
-No que va ya lo ha entendido. Pero no puedo quitármelo de la cabeza y habia salido a despejarme. ¿Y tu?
-Estaba paseando. No me apetece ir a casa.
-¿También has discutido?
-No, pero tenemos visita y no es que me guste especialmente. Ya es bastante tarde, tendré que regresar pronto. ¿Te acompaño a la tuya primero?
-Vale.Si no te molesta.- lo dos caminaron un par de minutos sin hablar demasiado, hasta que la chica empezó. -Esto… Seishi…
-¿Qué?- contestó torciendo el cuello para verla, ella desvió la mirada algo avergonzada.
-Esto… tu no harías nunca daño a nadie ¿verdad?
-No supongo que no. Siempre hay alguien que merece un par de tortas como la vistita que tengo en casa, pero supongo que no.
-Ni te reirías de nadie, ¿a que no?
-No, pero porque me preguntas todas estas cosas.
-Porque... -murmuró dejando de caminar. Él siguió unos pasos hasta también pararse. -Yo… quería… hablarte de una cosa y no me gustaría que te rieras…
-Dime lo que quieras, te prometo que no me reiré.
-Pues… esto…

domingo, 7 de febrero de 2010

3. Primer día de entrenamiento.


Minato iba de camino al instituto en su bicicleta. Le había extrañado mucho que Seishi hubiera aceptado ir en el equipo, sobre todo con lo que odiaba el baloncesto. La verdad es que él se lo había preguntado por preguntar porque ya se esperaba un no dé respuesta. ¿Qué estaría tramando ese chico? Tal vez simplemente le gustaba Yukari, como a todos los demás, y por eso cuando ella dijo que iría tuvo esa reacción.
-¡Minato!- gritó una vocecilla sacándole de sus pensamientos.
El aludido frenó para dejarse alcanzar por Mayuru, que corría hacia él levantando el brazo. Llevaba una bolsa de deporte y un bastón de animadora.
-¿Vienes de entrenar?- preguntó el pelirrojo observando sus complementos.
-Sí, ahora iba a ver el entrenamiento.
-Pues vamos, si llegamos tarde ya sabes que Matsuri-sensei nos echará uno de sus enérgicos discursos.
Cuando llegaron a la puerta del gimnasio ya estaba el resto del equipo, véase otros cuatro, sus tres amigos y Kio uno de sus otros compañeros de clase.
-Buenas- saludo el chico recién llegado.
-Hola a todos. -repitió Mayuru.
-Hola- dijeron a coro los otros cuatro.
-¿Qué tal? ¿Nervioso?- preguntó acercándose a Seishi.
-Esto…sí... digo, no. Claro que no. ¿Qué es lo peor que me podría pasar? ¿Qué me den un balonazo en toda la cara?- contestó casi tartamudeando.
-¡Hola, hola, hola repollitos!- exclamó la profesora que cargaba con una bolsa de balones. Matsuri-sensei era muy alta y aunque estaba muy delgada se notaba el deporte que practicaba.
-Buenas tardes.- dijo Yukari apareciendo de detrás de la mujer.
Un escalofrió recorrió la espalda de Seishi de abajo a arriba, al oír la voz de la chica. Lo único que pudo pensar fue: ¡¿Qué hace ella aquí?!
-La señorita Edo va a ser mi ayudante apartir de hoy.- explicó la maestra como si hubiera leído el pensamiento de su alumno.
Minato miro a Kio. Este sonreía de medio lado. Lo sabía, puede que no tuviera demasiadas confianzas con él, pero sabía que esa sonrisa picaresca era por ella. Desvió los ojos al chico de gafas que directamente parecía babear. De Yutaka ya se lo había imaginado, siempre hacia lo mismo. A él le daba igual ligar con cualquier chica ya fuera Yukari o la hija del pescadero, aunque parecía tener afición por la primera. Estaba acostumbrado a que todos le repitieran una y otra vez lo afortunado que era por tener a la chica más guapa, inteligente, amable y estupenda en general. Y no podía negar que a veces le molestaba que gente que apenas conocía se lo repitieran, como si no quisieran que se olvidara de esa suerte.
Los cinco chicos se metieron en el vestuario a cambiarse, lo mismo hizo Yukari. Mayuru se dirigió directamente al campo para sentarse en el banquillo a ver el espectáculo. Había un detalle que Seishi pasó por alto, tenía que cambiarse de ropa, era un gran problema porque no solo él los demás también, incluido Minato. Solo se dio cuenta de ello cuando el pelirrojo empezó a quitarse la camisa. En ese momento lo único que se le paso por la cabeza un sonoro ¡¿Qué?! Salió corriendo a esconderse en uno de los lavabos, ante la sorprendida mirada de sus compañeros. Ninguno se movió del sitio cuando un sonoro grito, proveniente del servicio, les sobresaltó y a continuación unos inquietantes golpes. Seishi daba cabezazos enérgicamente contra la puerta intentando persuadirse de los pensamientos típicos de la edad en la que se encontraba y que ahora se empeñaban en apoderarse de su mente.
-¿Estás bien, Seishi?- murmuro preocupado Minato.
-Sí, si… son los nervios… si eso es los nervios.- las imágenes Minato cambiándose volvieron a invadirle- ¡Ah!- gritó de nuevo golpeándose más rápido.
-¿Estás seguro de que te encuentras bien?
-Que sí, no os preocupéis.
Todos se reunieron en un círculo, para empezar el entrenamiento con unos ejercicios de calentamiento. Después de realizarlos continuaron con unas prácticas del balón. A Seishi jamás se le dio bastante bien manejar esas bolas si a eso le añadimos que no podía quitarse de la cabeza lo que había visto en el vestuario el resultado era desastroso. Cada vez que le pasaban la pelota le golpeaban, se le escapaba entre las manos o se la quitaban nada más conseguir atraparla. Sin contar con las exigencias camufladas en gritos de ánimo por parte de la profesora. Pero lo peor era el magnífico juego de Yukari, porque como no lo hacía estupendamente, con la escusa de ser número impar había logrado jugar ella también, y no parecía que a nadie salvo a él le molestase, todo lo contrario les parecía la mejor de las ideas. Kio, que era muy competitivo, dijo que cambiaran a Seishi por Yukari, que así siempre ganarían, por suerte Matsuri-sensei valoraba más el esfuerzo del pobre chico, que la habilidad innata de su ayudante, además de que no sería justo. El gesto de Kio molestó a Minato, como dijo Mayuru, no todos podían ser tan buenos deportistas como él. Y no tenía derecho a decidir quien jugaba y quién no. Pero no podía negar que Seishi era muy torpe cuando quiso darse cuenta ya estaba en el suelo.
-Me he torcido el tobillo.- se quejaba.
-¿Quieres parar un poco haber si se te pasa?- recomendó la maestra.
-Pero seremos uno más en nuestro equipo.- repuso Kio- será muy fácil.
-Mayuru, ¿ven tú a jugar?- gritó Yukari a su amiga que seguía en las gradas.
-¿Yo?, bueno vale, será divertido.
Unos momentos después llegó la nueva jugadora vestida con su chándal de entrenamiento. La verdad el equipo de Yutaka, Minato y ahora Mayuru no mejoró demasiado, era tan patosa como Seishi y por desgracia para ella mucho más bajita. Pero a diferencia del chico parecía pasárselo bien. Aunque el equipo perdió y a ambos les tocó hacer las treinta flexiones por ser derrotados. Eso era un cruel método de la sensei, porque encima de la vergüenza de perder te humillaba haciendo eso y viendo como los ganadores se reían mirándoles desde arriba. Luego se despidieron y se fueron a casa, sin antes armar otro espectáculo en el vestuario.
-Lo siento, ha sido por mi culpa. Sabía que no debería haberme apuntado al equipo.
-No pasa nada- dijo Minato.
-Es verdad, desde abajo se tenían muy bonitas vistas de las piernas de Yukari- añadió Yutaka.
-¡Te he oído! ¡Pervertido!
-No te disculpes yo lo he hecho peor que tu, Seishi-kun.- sonrió la chica.
-Lo que yo no entiendo es lo del baño.- inquirió Kiyoshi.
-Por nada, una manía- se excusó Seishi mientras un sudor frio le recorría la espalda.
-Tú tienes manías muy raras.
De repente algo golpeo la cabeza del moreno, que emitió un grito del susto. Todos se giraron. Detrás de él había una chica, no era una de sus hermanas.

jueves, 28 de enero de 2010

2. No era odio.

Era sábado, por lo que no había clase, como todas las semanas, llegado ese día a Seishi le tocaba quedarse con Suki jugando a las cocinitas. El chico miraba a su madre hablando por el teléfono sin parar. Sin duda eso era una dictadura, una cruel dictadura que solo favorecía a sus hermanas. A ver si no porque mientras Miyako y Makoto podían irse con sus amigas él se quedaba con Suki. Giro la mirada a hasta la niña que jugueteaba con las hoyas de plástico. Vale que Yaone estuviera preparando la selectividad, pero Miyu podría ocuparse más a menudo de “su niña”. Escuchó como colgaba el teléfono.
-Me aburro- dijo en voz alta con fin de que su madre le oyera.
-Pues ven y ayúdame ha recoger la colada- respondió acercándose a él.
-Pero ya sabes que a las gemelas no les gusta que toque su ropa interior. Luego se enfadan conmigo. Como si no estuviera harto de la lencería.- guardo uno segundos de silencio y después exclamó-¡¿Por qué papá, me dejaste solo con tantas mujeres?!
-No digas eso, quien te oyera pensaría que tu padre ha muerto. ¿Y por qué no vas ayudarle a la cafetería?
-Vale, pero solo si no me obliga a ponerme un traje como el de la última vez. ¿Vienes Suki?- dijo resignado mientras se levantaba del suelo.
-Sí- contestó la pequeña dando un salto.
Los dos hermanos caminaron de la mano un par de minutos. Por el camino Suki intentaba demostrarle todo lo que había aprendido, era algo parlanchina y a menudo tenía que corregirla aunque no la prestaba demasiado caso. Su padre era dueño de una cafetería cotsplay y a menudo les tocaba disfrazarse cuando alguno de sus camareros faltaba. Pararon frente a un edificio en cuyo letrero se podía leer “Shempu”. Al abrirse la puerta se oyó el dulce sonido de unas campanillas.
-Bienvenido- saludó una chica algo más mayor que él. Iba vestida con un traje chino blanco y rojo, el pelo peinado con dos moños y rematado con una banda en la frente. Su cabello estaba teñido del mismo color rojo, pero le constaba que su personaje lo tenía marrón.
-Buenos días Kanata.- respondió Seishi- ¿Donde está mi padre?
-En la cocina, donde siempre.- La muchacha desvió la mirada a la niña- Hola Suki-chan.
-Hola Haruka-chan.
-Bueno me voy tengo que entregar un pedido.- y uniendo lo dicho con lo hecho se alejó.
Las campanillas volvieron a oírse tras él y con ellas el sonido de una voz, la voz que el quería oír.
-Estabas aquí, te hemos estado buscando.- riñó Minato, entrando en la sala seguido de Yutaka, Kiyoshi y Mayuru, una chica con el pelo castaño cobrizo recogido en dos coletas bajas. Era bastante más bajita que Seishi.
Pasados unos segundos entró otra chica, más su belleza era tal que eclipsaba la de todas las demás. Su cuerpo era el de una sílfide, alta pero sin ser exagerar, delgada pero sus curvas rozaban la perfección. Sus enormes ojos violetas destacaban entre todos, y sus cabellos que ondeaban juguetones eran rubios con extraños reflejos verdosos que realzaban su exotismo y también se peinaba con dos coletas salvo que en lo alto. Llevaba una preciosa camisa de tirantes rosa pálido, adornado con lunares más oscuros y una minifalda que dejaba ver sus esculturares piernas largas como columnas del marfil, que era su suave y fina piel. Y su nombre parecía digno de la más hermosa flor: Yukari.
-Lo siento llego un poco tarde- disculpó aquel ángel esbozando su maravillosa sonrisa.-No estarás enfadado Mina.- dijo con voz melosa dándole al aludido un sonoro beso en la mejilla.
-No, si nosotros acabamos de llegar.- Minato la alejo un poco de si.
-Yo si lo estoy, enfadado, muy enfadado. Solo se me pasará con un besito- bromeó Yutaka.
-No, a ti no. Yo solo beso a mi Mina.
“Mi Mina” pensó Seishi, como podía ser tan descarada la tipa. Esa chica le ponía de los nervios. No la odiaba, no era odio, era… otra cosa que hacía que quisiera matarla, pero no era odio, era como… como…asco. No sabía de que se trataba pero desde luego le estaba quemando por dentro, tal vez solo fueran celos.
Todos se sentaron en una de las mesas que estaban junto al ventanal. Pronto llegó un chico también costplayado. Su pelo al igual que el de su compañera estaba teñido, este lo tenia azul y muy largo. Llevaba una especie de kimono blanco con una sobrefalda marrón oscuro. Pero lo que más le caracterizaba eran las lentillas blancas que tenía que ponerse, y con las que daba algo de miedo. Y su frente la cubría la misma banda.
-¿Qué les sirvo? ¿Lo de siempre?- preguntó con tono muy serio.
-Si lo de siempre.- contestó Minato.
-Ichirin-kun, ¿puedo ir con vosotros detrás de la barra?- dijo Suki al camarero.
-¡Suki! No molestes a Nohana- riñó su hermano.
-¡Que venga! ¡Suki y yo siempre nos lo pasamos muy bien!- exclamó otro chico muy alto de detrás de la barra. Este, como los otros, caracterizaba otro personaje. Pero al llevar una peluca negra cortada a tazón no se podía ver su pelo. No debía tener demasiada vergüenza porque vestía un mono verde muy hortera.
-¡Ves, Yasei-kun me deja ir!- gruño la niña.
-Anda ve, pero no incordies.
La niña se fue corriendo a reunirse con el chico que la llamó ajo la atenta mirada de su hermano mayor.
-No seas tan duro con ella.- dijo Minato.
-Si…si no lo soy estoy viendo que acabara como Miyu y eso no, con una descocada tenemos suficiente en la casa.
-Pues a este paso será un palo, como tu- siguió Yutaka- Eres demasiado formal.
-¿Cómo que soy formal?
-Sí, para empezar llamas a Haruka, Ichirin y Yasei por el apellido. Tantos años viéndoles ya podías haber cogido confianzas.
-Pero…- cortó Mayuru con voz tímida- No todo el mundo es como vosotros dos que os hacéis amigos de todos enseguida. En el mundo tiene que haber gente menos echada para adelante también. ¿Tengo razón?- apuntó mirando a Seishi con una suave sonrisa.
-Toda la razón del mundo, Mayuru. Mirad si no a Kiyoshi, todavía no ha dicho nada.
-No tengo nada que decir.
-Cambiando de tema- volvió a hablar el castaño- La semana que viene empieza el campeonato de baloncesto.
-Es verdad, jugáis los tres ¿no?- continuó Mayuru, refiriéndose a Minato, Yutaka y Kiyoshi.- Tendré que ir a animaros con el club.
-Claro- dijo sonriente Minato- Oye Seishi queda un hueco en el equipo ¿por qué no te apuntas?
-Yo… yo…si soy ma…malísimo. Ya lo sabes.
-Da igual, nos lo pasaremos bien.
-Pe…pero no quiero molestar. Mejor no.
-Pues nada- suspiro profundamente- habrá que buscar a otro. Si no, no podremos entrar en el campeonato.
Tras esas palabras se produjo un incomodo silencio. A Seishi le apetecía de verdad ir, pero le daba demasiada vergüenza pedírselo sabiendo lo pésimo que era en los deportes, y más si era a Minato al que se lo tenía que pedir. Miró a sus tres amigos, parecían serios, Mayuru también lo estaba. En cambio Yukari sonreía despreocupada.
- ¿Pueden entrar chicas? Si queréis voy yo- Seishi dio un minúsculo salto en la silla.
-Es el equipo de la sección masculina, pero tratándose de ti, alo mejor, Matsuri-sensei nos deje. Te tiene mucho apego.
“No eso si que no, cualquiera menos Yukari.” Pensó el moreno. Un tonto impulso le llevó a levantarse rápidamente de la mesa.
-¡Mejor pensado, si me apunto!- exclamó, las mejillas le ardían y las manos le sudaban, se sentía apuntote estallar ¿pero que había hecho?
-¡Estupendo!- gritó Minato levantándose al igual que Seishi y cogiendo le por los hombros- ¡Tu si eres un colega!
-¿Tu…tu crees…?- murmuró entrecortado intentando controlar los nervios para no desmayarse.
No le gustaba nada el baloncesto, pero menos aun la idea de que Yukari fuera con él al equipo. Tendría que consolarse pensando ñeque al menos así estaría más tiempo con Minato que ella. Aquella fue la consecuencia de ese extraño sentimiento que no era odio.

viernes, 25 de diciembre de 2009

1. La vida de Seishi.

Seishi intentó abrir la puerta del aula pero el pomo no giraba. Su ceño empezó a fruncirse como rutinariamente todas los días al comprobar la irritante incompetencia del delegado de clase, Yutaka, y el poco sentido común de sus compañeros restantes por haber votado por él en esas estúpidas elecciones. Dejó con sequedad la cartera y se sentó delante de la puerta a esperar a que al “presi” le diera por llegar.
Seishi Sato era un chico bastante bajito para sus 15 años. Su pelo negro le cubría la nuca y el flequillo casi hacía lo mismo con sus ojos azul marino. Parecía tímido y a veces poco sociable.
Oyó unos pasos acercarse. Sabia perfectamente de quien eran no le hacía falta ni comprobarlo, reconocería entre miles el sonido de esas pisadas.
- Buenos días Seishi.- dijo el chico sentándose al lado del mencionado- ¿Yutaka vuelve a no venir a su hora?
-No, lo que pasa es que estoy aquí sentado esperando a que alguien me eche una limosnita- bromeo intentando parecer ingenioso.- Pero la gente es muy poco solidaria.
-Gentucilla- musitó el chico con una amplia sonrisa.
Minato Meiji, así se llamaba, era de lo más distinto a Seishi. Él era alto, para empezar.
Con el pelo rojo, corto y alborotado. Y sus ojos del color del café. No solo en la apariencia sino en la personalidad también eran opuestos.
Seishi intentaba disimular, lo mejor que los nervios le permitían, el tartamudeo que en él producía la presencia de aquel chico, que como siempre sonreía conversando animadamente de su fin de semana cuando una voz algo gritona les interrumpió con estas palabras:
- ¡Ese estúpido invecil! ¡Cuando le pille juro que le meteré el despertador por el donde la espalda pierde su respetable nombre para que cuando suene le remueva la…
- Serena, serena Akaru.- cortó Minato.
-Es que es insufrible.
Otro chico apareció de detrás del agresivo Akaru. También era moreno. Hizo un gesto a Minato y a Seishi a modo de saludo y sin decir una palabra abrió la puerta. La clase era la mitad de grande que una normal. Las mesas estaban apiñadas en dos filas y a su vez agrupadas en tres grupos de dos y otros tres de tres. Al fondo una triste silla que usaban a modo de perchero.
-¡Menos mal que Kiyoshi tiene una copia de la llave!- exclamó Akaru refiriéndose al chico que aun no había hablado.
Poco a poco fueron llegando los demás alumnos de la clase, incluso el famoso delegado al que Akaru le echó una heladora mirada. Yutaka tenía el pelo color canela y usaba unas gafas de pasta que le caían bastante bien. Sin saber el alboroto que había causado por su tardanza se sentó en la primera mesa del fondo al lado de Minato y Seishi.
-¡Buenos días!- saludó a sus compañeros de fila.
-Buenas, Yutaka.- respondió el pelirrojo.
-¿No llegas un poco tarde?-replico Seishi sin despegar los ojos del libro de biología. –Akaru quiere hacerte algo que tiene pinta de doler, yo que tu hoy no me metería mucho con él.
-¿Akaru Raiku o Akaru Aizaba?
-¿Tu cual crees? “Akaru A” no podría matar ni a una mosca.
-Yo me fió de “R” más que de “A”. Nuca sabes que se esconde tras ese flequillo, el otro en cambio es muy previsible. Ya me entendéis es “un perro ladrador”.
Cuando el timbre indicó el principio de la sesión la mayoría de pupitres estaban ya ocupados por sus respectivos alumnos. En la clase eran trece chicos puesto que el colegio constaba de dos secciones, separando la masculina de la femenina. Siendo una clase pequeña era fácil de manejar, aunque se notaba la ausencia femenina en el comportamiento del curso 4-1.
Los chicos estaban sentados sin un orden empezando por la izquierda estaban los dos Akarus, que pese a llevar el mismo nombre eran el día y la noche. Al otro lado se sentaban Kenta y Kinta, los gemelos Koreto solían llamar la atención por su color de piel bastante bronceada y sus cabellos rubios claramente teñidos. Al lado de esta pareja inseparable sobraba una mesa. Detrás de los Akarus discutían, como siempre, Rioga y Kio. Y pasando el pasillo guardaban asiento Shinji, un chico muy pálido en contraste con su pelo y ojos color negro, Momoji, el pijillo ricachon, y Hatori, apodado “El Yanki” por sus rasgos occidentales que eran acentuados por su feísimo corte a tazón.
Al fondo con gesto chulesco se sentaba en una silla apoyando los pies en la otra que sobraba, Kiyoshi, un chico de lo más insociable. Y los tres últimos asientos eran ocupados por Yutaka y los dos realmente importantes: Minato y Seishi.
La mañana pasó, como hacen todas las mañanas, parecía mentira que las horas se agotaran tan rápidamente. Seishi caminaba en compañía de Minato, Yutaka y Kiyoshi de vuelta a sus casas. La verdad, no le apetecía nada llegar a ese lugar, sentía que si permanecía en él mucho se volvería completamente loco. Tenia cinco hermanas, cada cual mas excéntrica que la anterior y para colmo de sus males era el mediano. Ya se había separado de sus amigos cuando de repente dejó de ver, alguien le tapaba los ojos por detrás.
-¿Quién soy?- pregunto una vocecilla algo infantil.
-Eres Miyako- contesto él.
-Fallaste, soy Makoto- dijo otra voz parecida a la anterior.
-Sois unas tramposas eso es lo que sois.
Eran dos de sus hermanas pequeñas, las gemelas que, por desgracia para él, estaban entrando en la pubertad y no había quien las soportara.
Al entrar por la puerta otra niña se tiro a abrazarle casi arrollándole. Parecía asustada y sollozaba amenazando con llorar, no pasaba de los cinco años.
-¡Hermanito!- gritó la más pequeña de la casa mientras rodeaba a Seishi por las rodillas.
-¿Qué te pasa Suki?- preguntó una de las gemelas.
-Ya… Ya…Yaone me quiere pegar.
-Algo la habrás hecho.- dijo la otra.
-No se Yaone tiene muy mal carácter. ¿Se lo has dicho a mamá Suki?
-Si… Si pero no me hace caso.
- Entonces seguro que no es para llorar.- consoló el chico a su hermana cogíendola en brazos.- A demás si esa loca no ha venido por aquí gritando como la loca es, no estara tan enfadada.
-Bienvenidos- saludo una joven obviamente embarazada, que bajaba las escaleras del segundo piso y reía muy animada.
-Hola Miyu- contestaron los tres recién llegados.
-¿Qué le pasa a mi niña?- preguntó acercándose- La abusona de Yaone se ha metido contigo, luego se va a enterar.
-Eso no la dejes tocar al bebé- sollozó Suki.
-Claro que no la dejaré. Pero tu vas a ser como su segunda mamá ¿a que sí?
-¡Sí!- contesto la niña sonriendo ampliamente.
Miyu era la más mayor de sus hermanas y la más insensata también. Pero tenía el don de hacer que la gente sonriera.
Seishi suspiró, al fin de al cabo esa era la vida que le había tocado vivir. En el fondo se alegraba.